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Discurso del presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela Carlos Alberto González en el Acto de celebración del 50 aniversario de la Institución

Un saludo muy especial a todos los ex presidentes que nos acompañan en este sencillo acto; Francisco Neri; Vicente Avella, Luis Emilio Vega, Aquiles Martini Pietri, un saludo a distancia a todos los que no pudieron estar acá, un saludo solidario para Mariano Briceño quien no puede estar con nosotros hoy, por ser uno de nuestros promotores injustamente sancionados por el delito de generar desarrollo, crear empleo y hacer grande nuestra nación, un recuerdo sincero y con un poco de nostalgia de los ex presidentes que ya no nos acompañan.

Todos ellos, junto a un gran equipo de hombres y mujeres, muchos de los cuales están acá hoy, han hecho posible que esta INSTITUCIÓN en mayúsculas, se haya convertido en la principal referencia del mundo inmobiliario venezolano, se haya convertido en una fuente de conocimientos y de crecimiento para nuestros afiliados y también se haya constituido como un bastión para la defensa de los derechos y principios del empresariado.

En el video que vimos al principio, se pudo definir en testimonio de algunos de sus protagonistas, varias de las etapas por las que ha transcurrido el pasar de los cincuenta años de la Cámara Inmobiliaria que hoy conmemoramos.

Nace nuestra Institución, como han nacido la enorme mayoría de las Instituciones gremiales de carácter empresarial, su objetivo fundamental, su misión primera, independientemente de lo que dijeran los planes estratégicos, era la de procurar incidencia en las decisiones de los órganos del poder público, válida por demás esta pretensión, que al fin y al cabo encuadra perfectamente dentro de los lineamientos que conlleva la defensa de nuestros agremiados.

Esta concepción única, afortunadamente en nuestro caso, ha ido mutando yendo incluso en contrasentido a lo que ha sucedido en muchos de los gremios empresariales de nuestro país, que se han quedado anclados en esa visión de túnel o de catalejo, únicamente enfocada en la defensa de intereses particularísimos y por supuesto que no me refiero únicamente a las asociaciones gremiales serviles al presente gobierno.

Afortunadamente, repito, nuestra misión, visión y hasta nuestros valores, se han ido fortaleciendo, han ido evolucionando de hecho.
Aunque formalmente no hayamos grabado en Power Point los cambios operados, estos si se han llevado a cabo, aún cuando los ejecutores directos no tuvieran la intención explicita de hacerlo.

Por supuesto, que los acontecimientos acaecidos a lo largo de estos 50 años han moldeado el carácter de la Institución, pero el hecho de que sucedan cosas no hace que automáticamente se produzcan los cambios positivos, al fin y al cabo nuestra nación ha vivido en este devenir de sucesos toda su historia republicana, de caos en caos, de crisis en crisis, saltando de esperanzas a desilusiones y nuevamente esperanzándose.

Estos momentos difíciles no son nuevos, estos absurdos 18 años que le ha tocado vivir a nuestra generación no son lo peor de nuestra historia, desde 1.810 hasta la creación de la Cámara en 1.966, es decir en siglo y medio, en 156 años, solo tuvimos escasos 12 años de gobiernos civiles en las personas de José María Vargas, Raimundo Andueza Palacios, Juan Pablo Rojas Paúl, Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt y poco más de un año de Raúl Leoni.

Le tocó vivir a la Cámara parte del período democrático más largo de la historia del país, en los vituperados 40 años de la mal llamada cuarta República. Hasta que nuevamente volvió a plantarse sobre la Patria la sombra del militarismo.

Tantas cosas pasaron en tan poco tiempo, guerrillas, golpes de estado, el más gigantesco despilfarro de recursos públicos, eventos naturales, crisis sociales, megadevaluaciones, y allí estuvo siempre la Cámara, sus afiliados promoviendo la Venezuela necesaria, edificando sus casas, sus edificios, sus oficinas, sus rascacielos, sus hoteles, en estos cincuenta años se edificó toda la planta comercial y de oficinas que conocemos, la mayoría de los grandes complejos de viviendas.

Hicimos toda esa labor sin garantías de ninguna índole a pesar de las graves circunstancias adversas.

Ante esos escenarios, como les decía antes, la Institución va mutando y se produce una decisión hace algunos años que le tocó materializar a Javier Lartitegui, aunque de seguro se venía fraguando, que fue la creación del curso de corredor inmobiliario, como se le llamó entonces y que hoy denominamos “Fipi”Curso de Formación integral del profesional inmobiliario. La implementación del programa que luego perfeccionó Miguel Chacón y que también ha ido evolucionando, marcó un hito importantísimo, junto a la descentralización, y eso hay que reconocerlo la Cámara en sus primeros años fue una Cámara de promotores, promotores de Caracas, hasta cierto punto elitesca, pero a medida que se fueron desarrollando las cámaras regionales y certificando nuestros corredores, la Institución ganó masa crítica, se convirtió en una organización donde convergen paradójicamente la fortaleza y la agilidad, una combinación de promotores, corredores y profesionales asociados, quizás no perfecta pero si, muy eficiente para consolidar la representación de uno de los sectores más importantes pero, infravalorados, de la economía nacional.

La formación y certificación de nuestros profesionales nos dio mayor conexión con la sociedad y por supuesto generó uno de los grandes estímulos que puede generar cualquier asociación, como es el sentido de pertenencia.

En ese breve análisis histórico contextual que hacíamos hace unos minutos, nos quedamos en la nueva sombra militarista que se ubicó sobre el país, pero en los primeros años de este período, con el paréntesis de la crisis política de 2.002, se vivió una eufórica borrachera de recursos que duró hasta 2.009, pero que permeó hacia todos los sectores y que de alguna forma obnubiló la visión de los escenarios inmediatos.

Es allí cuando se produce la aceleración del modelo hegemónico, especialmente en contra de nuestro sector, se intervienen los proyectos de los grandes viviendistas, se desconoce la figura de la inflación, se criminaliza, como decía al principio, a quienes generan desarrollo, crean empleo y hacen grande nuestra nación. Se confiscan proyectos, se confiscan y se afectan terrenos. Se dictan leyes negativas emblemáticas, como las de arrendamiento de viviendas y la Ley de Estafa Inmobiliaria, ejemplos para el mundo de normas injustas e ineficaces.
En fin, se nos declara objetivo del Estado, el Plan de la Patria nos considera prescindibles, sustituibles con la implementación de uno de los fraudes más grandes que se haya hecho a la nación y específicamente a su población más necesitada, como es la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Diría entonces que en ese momento se comienza a fraguar la tercera etapa de nuestro desarrollo institucional, marcada como el momento de la defensa de los principios constitucionales, la confrontación necesaria con sus agresores y la persistencia que nos da el estar seguros que nos asiste la justicia.

En esa conjunción estamos ahora, tratando de incidir en los poderes públicos, pero también formando y certificando nuestros profesionales en todo el país, pero también defendiendo, confrontando y persistiendo, y sobretodo sintiéndonos representantes no solo de nuestros afiliados, porque nuestro rol cambió, nos debemos a nuestro país, nuestra visión más nunca deberá ser la visión reducida de nuestras necesidades, porque defendiendo y protegiendo nuestros clientes y valorando adecuadamente nuestro personal, estaremos también defendiendo nuestros intereses y los intereses de la nación, que nunca más podrán ser diferentes.

Quizás no estemos en el peor de nuestros momentos, Elías Pino Iturrieta nos diría, que nada tan difícil como los períodos de la postguerra de independencia, pero por supuesto eso está lejos en el tiempo y lejos de ser un consuelo, habiendo tenido los ingresos más elevados de nuestra historia, tenemos la inflación más elevada del mundo, competimos por el primer lugar de inseguridad del planeta, 57 % de nuestra población quiere irse del país, 80 % de nuestra población está en pobreza, 8% de nuestra gente ha hurgado en la basura para comer y cada día tenemos menos democracia.

Ante este escenario deprimente, es necesario realizar una introspección, cierto que tenemos un escenario político marcado por una ideología retrograda, lo cual ha causado los graves problemas económicos y sociales que confrontamos. Cierto que nuestro sector inmobiliario se encuentra dramáticamente afectado. Pero no es menos cierto que nuestro país todavía posee ingentes recursos en el sector petrolero, las mayores reservas de petróleo están en nuestro subsuelo, en el sector minero poseemos un mix de metales de toda índole con la cual cualquier país, mediano como el nuestro, viviría solamente con su extracción, nuestro potencial en el área agrícola y pecuaria es realmente importante somos terceros de América Latina en tierras útiles cultivables detrás de los líderes mundiales Brasil y Argentina y en el mismo rubro, estamos entre los primeros quince países del mundo. Nuestras ventajas en el factor turístico no pueden olvidarse y en nuestro sector todavía tenemos la tarea de promover, de verdad verdad, sin falsas promesas, los tres millones de viviendas que sigue necesitando nuestra gente.

Nuestra América Latina casi en su totalidad se dirige con paso firme hacia mejores rumbos, nosotros no seremos la excepción.

La enorme mayoría del país desea un cambio en el esquema imperante y lo más importante es que pareciera que nuestro pueblo ha aprendido la lección de que el socialismo es hambre, miseria y retraso, sin tener que pagar para ello, por lo menos hasta ahora y en forma directa, la cuota en sangre que ese aprendizaje ha costado a otras naciones.

Nuestros problemas no son grandes, no tenemos la mácula de otros países, no tenemos problemas religiosos o raciales, la absurda división entre ricos y pobres que se ha querido imponer, desaparecerá como desaparecerán más temprano que tarde, las demás marcas distintivas del oprobio. Otros países cercanos, han superado en relativo poco tiempo problemas económicos y sociales similares a los nuestros, sin contar con nuestras ventajas.

Miles de empresarios aún creemos en el futuro, todos nosotros creemos en la Venezuela de nuestros sueños, nuestros hijos, que hoy están fuera también la añoran y regresarán.

Nuestros valores se mantienen intactos, nuestro venezolanismo también, es falso que nuestros valores se hayan perdido, al recuperar la sindéresis económica emergerán impolutos. Lo mejor de todo es que la solución no depende de terceros, la solución está en nuestras manos.

La cuarta etapa en la vida de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela ya la estamos asumiendo, pero su inicio formal está por comenzar, está muy cerca, será la etapa de la reconstrucción de nuestra querida Venezuela, nos tocará a todos trabajar con mucho empeño para lograrlo.

Participemos todos en esa tarea, no vale callar, confianza y acción.

Caracas, 9 de diciembre de 2016