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Sector de la construcción agoniza

Al igual que en el sector alimenticio, la escasez de materiales representa una grave deficiencia para quienes se dedican a la profesión de edificar. La queja es que incluso aquellos que son productos del Gobierno se consiguen de forma intermitente.

 Es cada vez más recurrente la fuga de capital de las empresas constructoras privadas. Las que permanecen en el país son los pequeños constructores que están tratando de “sobrevivir” al decaimiento en la capacidad adquisitiva de las familias venezolanas.

 Las grandes obras están paralizadas, los problemas con los sindicatos están a la orden del día y si a ello se le suma la inestabilidad para la adquisición de materiales el sector construcción no vislumbra grandes avances para este 2010.

Siendo este el principal empleador de mano de obra joven y no especializada, los pequeños constructores y vendedores de ferreterías consultados afirman que en los últimos tres años es cada vez más palpable como las políticas estatales parecieran jugar en contra del crecimiento en el sector.

Simón Rivas, de nacionalidad peruana y con más de veinte años laborando como constructor independiente, cuenta que en la actualidad las grandes obras, y por tanto las que generan mayor empleo y consumo de materiales, están paralizadas.

“Las empresas grandes que tenían proyectos como estadios, canchas y complejos habitacionales en el 2008 comenzaron un proceso de migración a otros países de Latinoamérica como Panamá, porque me cuentan los ingenieros, allá el Gobierno tiene planes de gran envergadura”, explicó este profesional.

Las “grandes” inversiones a las que refiere, fueron también explicadas por el ingeniero Freddy Otero, presidente de la Cámara de Construcción del estado Bolívar, quien indicó que el Estado venezolano es el mayor inversionista ya que es el que tiene capacidad de desarrollar obras como escuelas, hospitales, complejos habitacionales, puentes, entre otros.

Además del descenso en las planificaciones de este tipo a nivel nacional, es cada vez más recurrente la fuga de capital de las empresas constructoras privadas. Las que restan en el país, son los pequeños constructores que están tratando de “sobrevivir” al decaimiento en la capacidad adquisitiva de las familias venezolanas.

“Las únicas grandes obras son la construcción de las plantas y represas, que datan de más de diez años y que ahora están siendo retomadas. Sólo esas tienen ciertas garantías de mantenerse en el tiempo”, informó Rivas.

Por su parte Gerardo Martínez con 20 años laborando en la región argumenta que otro “dolor de cabeza”, lo representan los sindicatos a saber el Sindicato Único de los Trabajadores del estado Bolívar, (Sutrabolívar), Unión Bolivariana de Trabajadores (UBT), Sindicato Nacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera Conexos y Similares del Estado Bolívar (Sinatracom Bolívar), el Sindicato Único de la Construcción (Sutic) y el Movimiento Muralla Roja.

Aunque los voceros de estos grupos manifestaron que “asegurarían la paz laboral”, constructores independientes se han quejado de “las vacunas” que deben pagar a un sindicato u otro para que no paralicen las obras, ya que “demandan más de lo que dan” según señalaron las fuentes.

 

Escasez

 

A pesar de las inspecciones que en las últimas semanas han hecho “a profundidad”, los funcionarios del Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios (Indepabis) junto a los efectivos de la Guardia Nacional, la irregularidad en cuanto a la venta de cemento continúa.

Anaíz Bermúdez, dueña de una pequeña ferretería en Unare, contó que si bien en diciembre era típico que descendiera la producción de este insumo, para mediados de enero ya se restablecía la producción y distribución.

Pero, lo cierto es que llegó marzo y el desabastecimiento es casi permanente creando mayores espacios para las ventas ilegales y el sobreprecio.

Bajo estas condiciones, se ha vuelto cotidiano observar en espacios abiertos a camiones que expenden arena y piedra; y a unos pocos metros de distancia a ciudadanos expendiendo cemento tipo III por un precio que oscila entre los Bsf 30 hasta Bsf 40.

Al consultar con los expendedores apuntan que esa mercancía proviene de Caracas, y que ellos la venden porque está fuera de regulación. “Sólo son 50 sacos y ante la escasez del tipo I en las ferreterías no les queda otra que comprar”, confesó Diego Linares, quien expende cemento y bloques que él mismo elabora en su casa localizada en Francisco Duarte, San Félix.

Esta situación llama la atención de los dueños de las ferreterías, como Bermúdez, quien cuenta que cada vez es más difícil comprar directamente a la empresa cementera nacional. “Hemos ido a comprar y hay muchas trabas para solicitar pedidos y lo perjudicial es que no dan explicaciones ni fechas de para cuando se va a normalizar la producción”.

Es de recordar que el Estado controla las principales productoras de cemento y de cabilla, y en orden de hacer llegar directamente el insumo al pueblo se creó la misión Mercado Socialista Ferretero, Ferresidor, que el pasado mes de febrero celebró su primer aniversario.

La iniciativa fue propuesta por el presidente de la República, Hugo Chávez Frías y el Ministro de Industrias Básicas y Minería, Rodolfo Sanz, las elaboraciones de las industrias nacionales, es decir, el antiguo Cemex y Sidor- a precios solidarios.

No obstante, las denuncias de los consumidores sobre los horarios de trabajo y las restricciones al momento de comprar han sido reiteradas en las últimos días. Asimismo, ha corrido la información de personal que vende de contrabando a las ferreterías mermando las opciones para la ciudadanía.

Crece la informalidad

La industria de la construcción se ha convertido en una opción de trabajo para hombres tanto jóvenes como adultos que “matan un tigrito” para poder obtener algunos ingresos. Ello ha sido registrado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el cual reveló que el mercado informal ascendió a 43,5% en enero, el nivel más alto para ese mes desde 2007.

Lo que despierta malestar y preocupación entre estos ya que el poder adquisitivo de las familias para realizar construcciones de viviendas o remodelaciones cada vez es menor frente a los costos de vida que merman la posibilidad de realizar otros gastos que “no sean tan necesarios”.

http://nuevaprensa.com.ve/content/view/37895/2/

Fecha: 03-03-2010

Fuente: Nueva Prensa de Guayana